Como periodista, no puedo estar más de acuerdo con Juanma Romero, director del programa “Emprende” de RTVE, que aporta este buen consejo para la revista de Marina Fernández Estació www.pruebatemagazine.com a la hora de orientar a los emprendedores sobre cómo acceder y promocionarse en los medios de comunicación.

En efecto; lo que un buen periodista quiere no es que le inviten a comer, algo que, lejos de ser un agasajo, la mayoría de las veces es un incordio.

Y os puedo contar mil anécdotas vividas sobre comidas surrealistas, desayunos incómodos y viajes inoportunos… y del todo -las tres cosas-, innecesarias para la cobertura de una información.

Cuadros gigantescos pintados in situ por un artista de cierto prestigio en directo mientras se celebraba una rueda de prensa y delante de los informadores, para luego trocear el cuadro en varias piezas individuales y enviárselas a los periodistas “buenos” y dóciles que publicasen algo – y positivo-sobre la empresa organizadora (un verdadero despropósito para el artista, para los periodistas y no digamos para el lumbrera que ideó semejante disparatado trato a la prensa); una invitación que en su día, me propuso comer en el Polo Norte (si; como lo oís) a bordo de un concorde que despegó desde el areropuerto Charles De Gaulle de París; estancias de lujo a todo tren en los mejores hoteles del mundo con todos los gastos pagados; regalos y cenas en restaurantes de fama mundial por acontecimientos tan bobos como la mera presentación de unos resultados semestrales que con una breve nota de prensa para dar el dato habrían ido sobrados…

Todo eso me pasaba a los 20 años, en los años 90, cuando trabajaba en la sección de Economía de ABC. Eran los años de bonanza económica y los responsables de relaciones con la prensa de aquella época no dudaban en ser “creativos” a la hora de captar la atención de los periodistas…

ID-10022568No; un periodista de verdad no quiere esto. Es realmente incómodo e improcedente ser invitado y adulado por cumplir con tu trabajo… ¿a un abogado le invitan a comer y le baten palmas por ir a defender a un cliente? ¿es necesario invitar a un viaje por todo lo alto a un arquitecto para que te construya un chalet?

Pues con los periodistas, pobrecitos míos, tradicionalmente tan mal retribuidos como hemos estado, pasa (pasó en los 90 y en los años posteriores hasta que llegó la crisis) contínuamente.  Sobran las palabras para entender que la mayoría de las veces se quiere influir en la objetividad o equidistancia del profesional de la información.  Pero sin complejos, durante años ha sido lo establecido.  Los medios eran los primeros que lo encontraban natural, asi que se funcionaba así, dando por sentado que ninguna invitación, adulación o parabien debería influir en el buen juicio del periodista, que, eso si, mientras tanto, vivía estas experiencias al tiempo que ahorraba mucho dinero a su medio, tanto en incentivos o salario como en desplazamientos y estancias.

Personalmente, siempre he opinado que debería estar prohibido que un periodista aceptara una invitación a comer, un viaje con la excusa de una cobertura o cualquier tipo de regalo o incentivo, por mucho que no sea a título personal, sino como representante de un medio de comunicación. Creo que, como ocurre en los países nórdicos, es su medio el que debería correr con los gastos de cualquier desplazamiento o coste en el que se incurra por cubrir una información… (pero eso nunca ha sido asi en España ni en tiempos de vacas gordas, asi que no digamos ahora).

En fin, en definitiva, y como señalaba Romero, lo que no se debería perder de vista es que lo que realmente un periodista o cualquier programa de Radio o TV quiere es una buena historia. En efecto. Así es. Y ese es el mejor ofrecimiento que puedes hacer para captar su atención.

Otra cosa es que hoy en día, algunos miembros de la profesión periodística se encuentren en un estado adormecido o que haya profesionales con malos hábitos y perspectiva errónea que hayan olvidado la actitud con que deben abordar lo que ocurre a su alrededor, la mirada observadora y humilde de todo buen periodista.

Puedo contaros al respecto, pues también he estado en el otro lado, decenas de anécdotas sobre periodistas que ven pasar noticias por delante sin enterarse, o de aquellos que se creen divos y maltratan a sus potenciales fuentes con malos gestos y mal estilo, creyéndose los amos del mundo y que te hacen un favor por concederte un minuto al teléfono. De esos hay bastantes y resulta difícil captar su atención.

Luego están los que no se han enterado de en qué mundo viven, faltando a la primera y primordial obligacion del periodista de tomarle el pulso a la realidad, y cuando les cuentas algo, es que no saben ni de qué les estás hablando y son incapaces de entenderlo.

De todo hay, pero a poco que en el periodista sobreviva una gota de sangre de su antigua y honorable estirpe, regurgitará su naturaleza apasionada y enamorada de su oficio. Las manos le temblarán de emoción y adrenalina, la mirada le brillará con la ilusión del niño que descubre algo nuevo y el plumilla se activará en su mente encantado de informar. Recordad: una buena historia es la clave.